Caballos salvajes

"Me siento normal..."
Fue lo último que escribió.

Sumergidos en un caos emocional que no pudo coronar con el silencio, su cobardía ante el perdón fue suficiente para encender los ojos en la bestia de la ira. Y nos miramos.

Flotando con la corriente. Apadrinado por la energía del sol, disfrutando cada cúmulo de aire helado. El invierno es más hermoso en este preciso momento. Me detengo en medio de la ruta, miro hacia adelante y no hay nada, detrás el horizonte, a mi izquierda el sol ocultandose. A mi derecha la moto descansando. Detrás, vos. Y me mirabas.

El deseo era tan fuerte.. Mis manos querían rodear tu cuello y mis ojos deseaban guardar tu sufrimiento como el bello recuerdo de que alguna vez sentiste algo -por- mi y que no fuera despecho. Y diste vuelta tu rostro, bruscamente.

Mientras te acercabas una voz distante gritaba tu nombre. Con temor, pero por sobre todo advirtiendo que tus pasos contaban con su protección. Me paro de frente para recibirte, te miro a los ojos y todas mis defensas caen. Cada segundo es eterno. Cada metro que avanzas tu perfume es más fuerte, controla mi mente. Abro mis brazos. Quiero abrazarte. Y de un cachetazo me diste vuelta el rostro, bruscamente.

Es la última vez que le escribo a tu hermana, lo juro.